April come she will

Como siempre, escribo tarde, cuando debería estar durmiendo porque la alarma está programada a las 6:50, como la mayoría de los días. Es ahora, pasadas las 12 de la noche, cuando me entra, a veces, este arrebato movido por la nostalgia, la alegría o el enfado, que hace que quiera entrar a Mi Rincón a interntar plasmar todo eso en palabras que nadie leerá.

En esta ocasión, es la felicidad profunda la que me ha traído aquí. Estoy escuchando una canción que acabo de encontrarme por casualidad que refleja exactamente lo que siento ahora mismo. Es un sentimiento extraño que me hace llorar, pero a la vez sonrío porque no son lágrimas malas. Ignoro por qué me pasa esto a veces, aunque tengo mis teorías. Quizá mi cerebro para y piensa todo lo que ha pasado durante estos últimos años, dándose cuenta de cómo ha ido mejorando todo, poco a poco y a la vez muy rápido. Eso emociona, y más si pienso en las causas de por qué ha ido yendo todo a mejor.

Siento la juventud, el amor, los lugares que aún tengo que conocer, que se aproxima el verano y todo lo que nos queda por vivir. Y ahora, mientras lo escribo y escucho “April come She will”, se me caen las lágrimas, sonrío y el pecho se me llena de un nosequé que me cuesta describir. Parece que voy a implosionar.

Escribir sobre cómo te sientes al estar feliz es más difícil de lo que creía; era mucho más fácil hacerlo sobre cómo estaba cuando nada iba bien. O quizá es que cogí demasiada práctica haciendo eso último, tanta que se volvió poco costoso hacerlo.

Pararé antes de que empiece a escribir todas las cosas que se me están pasando por la cabeza, porque si no mañana mi sueño no dejará de recordarme que debí dormirme antes. 

A veces me sorprendo a mí misma siendo capaz de sentir todo esto, intenso y feliz, con ganas de gritar de alegría y reír; reír y, sobre todo, vivir. 

Un gran culpable eres tú. Es justo que lo reconozca entre mis escritos.

¿Implosionaré?

Estoy en la cama y quiero escribir, pero no sabría por dónde empezar. Por lo tanto, solo vengo a decir que me invade un extraño e intenso sentimiento de felicidad. Tengo ganas de llorar un poquito, pero de alegría. Pensándolo bien, es algo que ya me ha pasado alguna que otra vez. Como que hay tanto dentro, que necesita salir en lagrimitas mientras sonrío. Es como si me fuera a implosionar el corazón. Hace tres días me pasó también. Sí, desde ese día sonrío tontamente, a veces. Vaya boba estoy hecha, yo que me pensaba que no era de esas. Luego viene algo (alguien) y te rompe algunos de los esquemas que tenías sobre ti; para bien, claro. Haces cosas que nunca pensaste que lograrías hacer. Sientes cosas que nunca pensaste que llegarías a sentir. Me encantaría decirlo en alto, gritarlo, pero hoy ya es tarde y tampoco es plan. Ojalá nunca dejar de sentir estas cosas. Buenas noches.

Joder, y yo que creía exageradas a las que se quejaban de su montaña rusa durante el periodo menstrual.

Cada uno a sus cositas, eh

Es ridículo. Tengo la sensación de que cada vez tengo a menos gente a mi alrededor por gilipolleces adolescentes que me pasan ahora, en la juventud, y no en la época en la que tendrían que haber pasado. Mejores amigas enfadándose por chuminadas, otras que tienen pareja y nunca más se supo, amigos de los que no sé absolutamente nada durante días o semanas (o, directamente, que no sé nada de su puñetera vida), gente con la que no puedo hacer los planes que hace… eso, la gente. Es tristísimo que, a medida que maduran, tornen hacia esas conductas cuando debería ser al revés. Cada vez tengo más la sensación de que estoy rodeada de gente que no comparte mi modo de ver la vida (o, al menos, mi modo de vivirla ahora mismo) ni mis valores en relación a la amistad. No sé cómo he acabado (o hemos, porque puede que yo también tenga algo de culpa, no digo que no) en este estado tan de ir a nuestra putísima bola. En fin. Cada día escribo más aquí y significa que las cosas no marchan tan idealmente como pudieran.

Cómo me encanta poder expresarme aquí como me dé la gana; nadie sabe quién soy ni de quién hablo.

Contagio

Hola a nadie, porque dudo que alguien lea esto. He sentido el impulso de poner algo. No sé qué me ha llevado a acabar metiéndome en El Rincón y mirar entradas antiguas… Siempre suele ocurrirme cuando no estoy del todo como debería. El caso es que, mientras las leía, me he podido sentir por unos momentos como en esos instantes. Cuando he terminado, he apartado la visa de la pantalla y he vuelto al presente, a la madrugada el 23 de diciembre de un casi acabado 2016.

La sensación después de la lectura de entradas antiguas siempre es la misma: rara, muy rara. Es algo parecido a una nostalgia mala, aunque el momento leído fuera agradable. No entiendo por qué leer mis palabras antiguas me causa tal sensación. Creo que esto ocurre porque siento que antes plasmaba todas esas emociones, las atendía, las hacía caso; las vivía. Siempre ha sido algo por lo que me he sentido especial. Pero… me temo que cada vez me parezco más al resto, no pienso en lo que siento, no me fijo en cómo estoy, en si me emociono, en si me siento feliz, en si no… solo me preocupo de estar normal, sin variaciones, y de hacer cosas. Sé que mañana leeré esto y no lo entenderé ni yo, y habré vuelto a colocar los pies en la tierra y nada parecerá tan intensito.

Aun así, echo de menos escribir aquí; es algo que me recuerda que tengo muchas más cosas dentro, ya que, por no expresarlas, hasta yo misma creo a veces que no están ahí. Creo que cada vez saco menos al exterior, parece que ya poca gente está interesada en saber cómo se siente la gente; solo les importa que todo vaya con “normalidad”. Me da pena. Echo de menos tener conversaciones profundas… Pocas de esas tengo ya. Cada uno va a su bola y a mí, por contagio, me están llevando a actuar igual, igual que lo que siempre he odiado: yendo a mi aire sin preocuparme mucho por los demás. Os odio, en parte, por haber sacado esa faceta odiosa en mí, como método para convivir con vosotros. Pienso, también, que esto me está llevando a mi antigua estrategia de “todo va bien, todo perfecto, yo nunca estoy mal” y no entiendo por qué, ¿acaso no aprendí las consecuencias?

Esto no quiere decir que esté mal. En general, todo va bien, pero últimamente los días están siendo tediosos y no estoy teniendo mucha distracción para olvidarlos.

Yo solo espero que el 2017 siga yendo hacia arriba, como lleva pasando desde hace unos años hasta ahora. Y que haya planes, viajes, risas, charlas…

Joder, cómo cambian las cosas. Mira cuatro años atrás, seis años atrás. Parecemos otros, pero no debemos ovidar que somos los mismos.

 

Ridículo intento de expresión

He perdido la buena costumbre de escribir. Si no tengo la necesidad de expresarme, a veces el hecho de entrar aquí lo tomo como un deber, porque sé que en un futuro me gustará leer cosas pasadas. Esta noche, sin embargo, he sentido un pequeño nudo que gritaba y ha acabado llevándome aquí voluntariamente, sin esa sensación. Como digo, es un nudo diminuto. Hace algún tiempo era grande, lleno de cosas no muy buenas que necesitaban salir. Este es distinto. Este parece que va a explotar de un momento a otro, haciendo que empiece a saltar descontroladamente, a cantar, a reírme a carcajadas o a llorar de felicidad. Es de cosas buenas. Realmente, me da pena esto; el hecho de que la alegría no tenga tanta fuerza para hacerte escribir como las penas. Me parece injusto que queden más reflejadas las adversidades que momentos fascinantes como este.

Hubo un tiempo en que estaba drogada; drogada de verdad. Pastillitas aquí y allí que no servían para nada; no tenían los cojones que había que poner sobre la mesa, que era en aquellos momentos lo que de verdad hacía falta. Pero ahora… me siento más drogada aún. Esta vez no hay pastillitas, hay otra cosa, que aunque no se puede tocar (bueno, en parte sí), tiene mucho más efecto que aquellas y me hace sentir como nunca. Intento poner adjetivos, palabras que puedan explicarlo o describirlo… pero ninguna me parece suficientemente buena o adecuada.

Sí que siento ahora la obligación de poner al día esto. Podría hablar de La Cambiada, de Géminis, del Guardián, de la desaparecida Pelirroja, de la universidad, de las cosas nuevas en La Desconexion, de las navidades… Pero de los dos primeros mencionados ya hablamos bastante y, prácticamente, al resto de cosas solo podría ponerle adjetivos positivos. Ahora, lo que me pide el cuerpo es dejar salir cómo me siento. El problema es que llego aquí y no sé bien cómo hacerlo. En este momento, sobre la marcha, me cuesta ponerlo en palabras. Doy muchas lecciones a los demás sobre cómo expresar los sentimientos, como si hablara desde mi gran habilidad para hacerlo, y creo que da el pego de cara a los demás. La verdadera realidad es que luego solo suelto pizquitas cuando la situación me da pie a hacerlo. Soy la primera que mide sus palabras cuando el expresarse implica sacar esas cositas que están aquí, dentro del pecho, aunque pujen por salir como están haciendo ahora. No obstante, he de reconocerme el logro de haber mejorado en ello. Hace cinco años podía pasar perfectamente por la chica fuerte, insensible, borde y fría que iba a su jodida bola, cuando realmente no era así. El caso es que, aunque ahora pueda expresar con más facilidad lo feliz o preocupada que me siento, creo que nada puede cambiar por completo nuestra personalidad, ni esa pequeña coraza (inútil o no, de eso aún no estoy segura) que algunos creamos hace años.

Alguien se puede preguntar por qué no he mencionado a Ojos Curiosos cuando he nombrado a todas las personas importantes que deberían estar a la hora de poner al día esto. Pues bueno, el caso es que él ya está por el resto de todas estas líneas.


Y el 2016 pisa fuerte.

El viaje

Un viaje donde nadie sepa dónde estás, salvo el que te acompaña. Un viaje donde te olvides de que existe tu habitual rutina, donde haya enormes cataratas y huela a libertad. Un viaje donde sólo creas que existe la gente que está ahí contigo, porque
tumblr_mquiz33jX21sysb59o2_500son las únicas personas que quieres recordar. Un viaje en el que no sepas dónde está el móvil ni qué hora es, ni cuándo tienes que volver. Un viaje de irte a dormir y sonreír mientras cierras los ojos para descansar. Un viaje de silencios cómodos y carcajadas estruendosas. Un viaje con despertares dulces, llenos de ilusión; ilusión hasta por estar tirados fumando, mirando el agua de esas cataratas gigantes caer. Un viaje de cantar canciones conocidas y de descubrir otras nuevas que cantarás cuando vuelvas.

Un viaje donde ir cuando casi todo te sature aquí, y que sólo sea el “casi” quien te acompañe.

El mejor verano de mi vida

Después de meses sin entrar en Mi Rincón me he visto obligada a hacerlo hoy. El culpable de ello ha sido este verano. Lo cierto es que no estoy nada inspirada, pero sé que el mejor momento para mí si quiero escribir es por la noche, y hoy todos hemos vuelto a casa “pronto”, con lo cual tengo unas horas nocturnas por delante. A pesar de que no me apetezca ahora mismo resumir estos tres meses, quiero hacerlo y que estos queden grabados en otro sitio a parte de en mis recuerdos. Antes de nada habría que poner al día todo, ya que han pasado varias cosillas en estos 6 meses.

Empecemos por junio. Selectividad, de una santa vez. Tres años tarde, pero por fin llegaba. Fueron semanas de encerrarme en la biblioteca día sí y día también. Tuve algo de suerte, pues iba acompañada de personas de clase que amenizaban bastante la tarea y servían para compartir nervios y estrés. Además, dos personas más vinieron los últimos días a hacerme compañía. –Casualmente, ya han sido mencionadas una sola vez antes en este blog, y muy de pasada. Ahora que lo pienso, Géminis sigue pareciéndome un buen mote para él; sin embargo, La Cambiada no del todo… Podría tener uno que se adaptara mejor a lo que ella es; pero es algo que ahora también pienso sobre el pseudónimo de Ojos Curiosos, también. Aún así, tienen su por qué, así que será mejor no tocarlos-. Como iba diciendo, Géminis y La Cambiada también debían estudiar, y nuestra rutina era ir a la biblioteca y luego salir al Chino, donde nos juntábamos con Ojos Curiosos. En una de aquellas tardes en que Géminis y yo estábamos en la biblioteca, salimos a fumar. Él comenzó a hablarme sobre algo relacionado con su relación de pareja que en aquel momento tenía (o eso pensaba yo, y todos) con La Principal. Me resultaba rara la forma en que estaba hablando de ello, hasta que al final supe que esta relación había acabado desde hacía algún tiempo. Mi incredulidad era tal que ahora mismo ni recuerdo lo que dije. Siendo Géminis me sentí algo mal por saber que ninguno de nosotros pudimos estar en los que fuesen los peores momentos para él, pero fue él mismo quien decidió no contarlo en su momento. Por lo menos, parecía que en aquellos instantes estaba bien, aunque yo suponía que aquella tormenta no podía pasar tan rápido (y no me equivocaba). No tardaron mucho en enterarse los demás. Pero no podía distraerme de mi principal objetivo en aquellos días: sacar la nota necesaria en selectividad. Esos tres días de exámenes pasaron increíblemente rápido y acabar fue toda una liberación. El día en que sabría la nota desperté justo a las 7 de la mañana, pudiendo entrar a la web y, después de un pequeño susto, supe que lo había conseguido. Ese 10,264 creo que difícilmente lo olvidaré. Días después supe que me habían admitido en la Autónoma, en la ansiada psicología. Realmente, todo me había salido demasiado bien para lo que llevaba haciendo en todo el curso y, también, en selectividad (a mi parecer); pero no era momento de plantearse si era justo o no, ni mucho menos. Había llegado tres años tarde, ese ya es suficiente “castigo”.

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Y aquí empezaba el verdadero verano, en julio. Olvidándome de notas y demás, llegaba el momento de salir y aburrirme las horas que pasaba en casa. Ocurrió algo que cambiaría un poco el curso del verano, y creo que algo de “culpa” la tenemos Ojos Curiosos y yo. De alguna manera provocamos que La Cambiada y Géminis empezaran una… un… no se sabe qué. Según ellos nada, un lío o ni eso. El caso es que su comportamiento era como el de dos novios. Él se notaba que estaba bastante cómodo, y ella también, en un principio. Parecía que los únicos que lo veíamos raro éramos nosotros… Los primeros días de julio los pasamos los cuatro saliendo por las noches al Chino e inagurando las grandes partidas de mus, en las que Ojos Curiosos y yo ganábamos por goleada. No se nos da nada mal; compenetración y algo de suerte, supongo. Pero fueron quince días haciendo eso una y otra vez… Me puede gustar mucho algo pero también es cierto que suelo cansarme rápido si se vuelve una rutina demasiado rígida. Estaba deseando que llegara aquel 16 de agosto en que nos iríamos de campamento con… La Desconexión. –Se podrían preguntar qué pinto yo ahí, y una pequeña parte de mí también lo pensaba. Era algo de Ojos Curiosos, pero que él me contase tantas y tantas cosas de lo que allí pasaba hizo que poco a poco fuera creciendo mi deseo de vivirlo en algún momento, y más después de aquella visita que les hice en el campamento del verano pasado. Que además Ojos Curiosos me ofreciera poder vivir la experiencia, hizo que no me lo pensase dos veces-. Ese día llegó y marchamos a El Atazar. No iba a experimentar un verdadero campamento, pero habiendo vivido lo que viví, no cambiaría esos 15 días por nada. Dormir al raso, el momento “llama a la policía”, las charlas nocturnas vigilando, el GR, los “buenas noches”, los Sinsajo, las risas, los madrugones, las noches en la piscina, la escapada a las casas ruinosas, David y sus hazañas, Esclavita, Sapito, escribir una de las historias, ganar a veteranos del mus, ver a Ojos Curiosos emocionarse… Y muchos momentos que me cuesta describir con palabras. Recuerdo que el día de volver a casa aguanté las lágrimas como pude, hasta el momento en que entré por última vez a nuestra habitación y cogí el macuto para meterlo al autobús. Tuve que sentarme en mi cama y, mientras miraba por la ventana, intentar dejar de llorar. Subí al autobús ya calmada, pero una vez allí tuve que volver a hacerlo. No quería volver a la normalidad, a la rutina que se había creado los primeros días de julio, a no verles cada mañana… Cuánto agradezco la oportunidad que me ofreció de ir.

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Agosto llegó, demasiado rápido para mi gusto. Esos primeros días volvieron a ser algo rutinarios, los pasábamos casi siempre en casa de Géminis. Echaba tanto de menos El Atazar… La Cambiada se fue de viaje, y la casa de Ojos Curiosos quedó sola. Esos días no estuvieron nada mal, hicimos batidos de Oreo, hubo momentazos en la piscina, hicimos un pequeño videoclip, dormimos, bebimos mojitos, vimos pelis, hicimos fiesta con La Desconexión… Fueron unos días que recuerdo con especial cariño, los envolvía un cúmulo de momentos que me provocaron muy buenas sensaciones. Pero la rutina volvió a apoderarse un poco de nosotros cuatro, aunque no era demasiado problema; en pocos días volvíamos a Judes. Yo estaba algo preocupada, pues Mi Pelirroja había decidido irse del Grupo porque manifestó que se aburría y… ha querido cortar de forma bastante drástica. –Podría hablar de lo que me duele este hecho, pero ya estoy bastante nostálgica recordando todos estos momentos veraniegos como para darle mas vueltas a ese tema-. El caso es que Ojos Curiosos y yo habíamos reservado alojamiento cerca del pueblo en cuestión y teníamos muchas ganas de volver a ir. Me preocupaba que Mi Pelirroja estuviera demasiado esquiva (o algo peor) y eso influenciara en la gente por la que verdaderamente íbamos allí. Partimos a mediados de agosto para allá, con El Avión; fue un viaje muy agradable. La casa era casi perfecta, grande y solo para nosotros (menos una mañana horrosa en la que nos entraron instintos asesinos muy comprensibles). Teníamos otros cuatro días para estar nosotros, los de Judes y nadie más, lejos de la rutina veraniega que reinaba en nuestra zona. Todos nos acogieron de la mejor forma que se podía esperar y Mi Pelirroja parecía más o menos normal. Las noches allí fueron increíbles, charlando, quedándonos sin voz al cantar, saltando, gritando, bebiendo, bailando… y al volver podíamos tomar aquellas conchitas con colacao antes de acostarnos. Ver otra vez a Gordon, a la familia más buena que existe, a… todos. Fue increíble. La única pega de aquel viaje fue mi percance del último día. Empecé a encontrarme mal y Ojos Curiosos me acercó al médico. Por sus comentarios no podía evitar reírme, a pesar de la situación, así que esos momentos no fueron tan malos como pudieron haber sido. Por suerte, en dos horas aquel malestar pasó y pudimos disfrutar de la última noche como nos merecíamos. Llegaba el momento de volver, aunque la despedida no me causó tanta tristeza como el año anterior; sé que podemos volver siempre que queramos porque Judes ya forma parte de nosotros, y Ojos Curiosos y yo también un poquito parte de él.

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Estaba triste por volver, pero había un gran consuelo a la vista, el viaje a Alicante. Tres días después pudimos partir hacia la playa, el viaje que también llevábamos esperando todos para este verano. Ojos Curiosos, La Cambiada y yo fuimos por la mañana para aprovechar el día, a ritmo de Dropkick Murphys y los casi ronquidos de La Cambiada. Pasamos aquel día en la playa los tres con fotos y más fotos… Se podía respirar la alegría y emoción que sentíamos porque aquella semana acababa de empezar. Géminis, El Guardián y… Elsa llegaron; ya estábamos todos. Lo cierto es que la mayor parte del viaje fue por parejas, es decir, cada pareja hacía un poco su vida. Es algo que no me gustaba demasiado, por la idea que tengo yo de hacer un viaje con un grupo de amigos, aunque esté tu novio/a. Por ello, hubo mucha parte del tiempo que la pasamos cada pareja a solas; pero ni siquiera cambiaría eso del viaje, ya que este hecho también dio pie a momentazos con Ojos Curiosos, como las duchas, ciertas complicidades, la mariquita rosa, masajes, despertares, ataques de risa antes de dormir, jugar con las olas y la arena, ver programas rollo “Policías en Acción” hasta las tantas, bucear, bailoteos, aguantar la risa mientras escuchamos gemidos y muchos etcéteras. El Guardían y Elsa se fueron a los pocos días y los restantes los pasamos los cuatro ya habituales. La verdad es que con la marcha de la pareja, nosotros conseguimos apañarnos bastante mejor a la hora de la convivencia y lo pasamos igual de bien que cuando éramos seis personas. Hubo bastantes momentos memorables en este viaje y el recuerdo que tengo de él es increíble, tanto por los momentos compartidos con todos como los compartidos con Ojos Curiosos, cada uno con su sensación indescriptible… Conseguimos quedarnos un día más. Todos queríamos retrasar la vuelta, pues esta significaba el final del verano, la vuelta a la rutina, del frío… Aún a día de hoy, dos semanas después, siento que hay lagrimitas a las que le gustaría salir por la nostalgia que me da el recordar esas sensaciones allí vividas, igual que me pasa con el campamento con La Desconexión. Para mí, con la vuelta de Alicante se acabó el verano de 2015. Digo, sin dudar, que ha sido el mejor verano de mi vida. Solo espero que el que viene sea capaz de ser igual o, si es posible, superarse.

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Ahora, es septiembre. Continuando con la narración, al volver siguió la rutina hasta día de hoy. Seguimos yendo al Chino, aunque ahora volvemos antes a casa porque ya han empezado las clases. Sí, he empezado ya la universidad y todo va según había previsto: con cierta gente de clase parece que podré tener una buena relación y, de momento, las asignaturas son aceptables. Estoy ilusionada, pero no tanto como supongo que debiera; el ver que todos los de mi alrededor acabarán seguramente este año no da pie a ello… Pero es algo en lo que no vale la pena ponerse a dar vueltas a estas alturas. Lo único que no sé es cómo voy a poder soportar el resto del curso con las pocas horas de sueño que tengo a mi disposición. A parte, este año viene cargadito: por fin he podido apuntarme a la autoescuela, en principio voy a acabar toda la temporada (ya la última, sí que sí) de gimnasia, seguir con CR y continuar con La Desconexión, cosa que me ilusiona bastante porque, además, estoy donde deseaba estar.

Me da miedo este invierno. Ya me parecían rutina los planes del verano, ¿y si en invierno La Guarida no está tan disponible? Además, el tema de Géminis y La Cambiada aún no sabemos cómo va a acabar, es una situación algo complicada. Por ello es posible que Ojos Curiosos y yo tengamos que apañarnos para sacar planes adelante o hacer los nuestros a parte, que también es una buena opción. Menos mal que podemos normalmente contar con la disponibilidad y las ganas del otro, si no, salir de casa con ellos como grupo principal sería toda una incógnita la mayoría de los días. Me consuela saber que inminentemente hay planes previstos, como Pilares, y uno bastante lejano aún, pero espero que probable: Berlín.

Esta entrada ha sido demasiado descriptiva para mi gusto pero, aún así, hay tan poco descrito en comparación a todos los momentos increíbles que recuerdo de este verano… Debía plasmar de algún modo los hechos más importantes. Debía ser una entrada alegre, ya que son recuerdos extraordinarios, pero el tono nostálgico creo que es perfectamente notable en cada línea de esta memoria de verano. Por muchos más veranos y momentos que te hagan sentir eso.


Verano, verano; alegría, alegría.